La naturaleza de los volcanes
Un volcán es el resultado visible en la superficie terrestre de un largo proceso geológico, por el cual aflora material rocoso fundido (magma) y gases del interior de la Tierra de una manera más o menos violenta. La sucesiva acumulación de este material en los alrededores de la zona de emisión forma un relieve, que generalmente adopta una forma cónica que se denomina edificio volcánico y que puede llegar a tener considerable altura. El orificio por el que sale este material se denomina boca eruptiva.
El volcán puede arrojar material fluido y caliente al exterior de forma no explosiva, denominándose entonces lava, la cual se desliza por la acción de la gravedad por las pendientes del edificio volcánico pudiendo cubrir grandes extensiones en las cercanías del volcán.
El volcán puede arrojar también de manera violenta fragmentos de lava al aire de muy diversos tamaños y diferente grado de consolidación con trayectorias de gran alcance, así como formar una gruesa columna de material ascendente (principalmente de gases y del material más fino) encima de la boca emisora, cuya altura depende del grado explosivo de la erupción y que al dispersarse o colapsar entrañan un grave peligro. Estos materiales se denominan genéricamente piroclastos (bombas volcánicas, lapilli, ceniza,etc) y se diferencian por su tamaño, composición y por su dinámica de deposición.
CARACTERISTICAS DE LOS DIFERENTES TIPOS DE SISMOS
Los sismos pueden agruparse, tomando en cuenta su origen en tectónicos, volcánicos y de colapso. Estos últimos son producidos principalmente por el derrumbamiento de techos de cavernas o minas y sólo son percibidos en áreas reducidas.
Los sismos llamados tectónicos son aquellos producidos por rupturas de grandes dimensiones en la zona de contacto entre placas tectónicas (sismos interplaca) o bien en zonas internas de éstas (sismos intraplaca). Como ejemplo de sismos interplaca pueden citarse los eventos de julio de 1957 (Mag 7.7) y el de septiembre de 1985 (Mag 8.1).
En México, estos sismos comúnmente tienen sus epicentros en la costa occidental entre Jalisco y Chiapas, con profundidades típicas entre 15 y 20 Km. En menor número con respecto de los anteriores, aunque también alcanzan grandes magnitudes, ocurren sismos intraplaca, como el de enero de 1931 (Mag. 8), con epicentro en la región sur del estado de Oaxaca. Las profundidades de estos sismos puede variar entre unos cuantos kilómetros hasta 70 u 80 kilómetros, en el caso de México.
Por otra parte, como resultado del movimiento de fluidos y gases así como de la generación de fracturas para permitirlo o bien del colapso de cavidades ocasionadas por salidas de magma, se originan los sismos volcánicos. En las etapas previas a episodios de actividad volcánica mayor, estos eventos se presentan en números reducidos (algunos sismos por día o por mes). Sin embargo, poco antes y sobre todo durante una erupción, la actividad sísmica aumenta hasta presentar decenas o cientos de sismos en unas horas. Los sismos volcánicos, según indican las estadísticas mundiales, muy pocas veces han rebasado los 6 grados en la escala de magnitud. Por lo tanto, la probabilidad de que un volcán pueda llegar a ocasionar daños por la actividad sísmica asociada es muy poca. Durante la erupción pliniana del Chichón en 1982, localizado en el estado de Chiapas, los sismos se mantuvieron básicamente en el rango de 1.5 a 2.4. Por su parte, la magnitud promedio de sismos en el Popocatépetl se ha mantenido en 2.4 a partir de diciembre de 1994. La magnitud máxima alcanzada hasta hoy en día es de 3.5.